Fray Escoba

  "Yo te curo y Dios te sana"

  Patrón Universal de la Paz.
  Patrón de los enfermos.
  Protector de los pobres.
  Patrón de los barberos.
  Patrón de los animales.

 

 

Ver Iconografía de
San Martín de Porres

SAN MARTÍN DE PORRES
Hermano Cooperador
("Fray Escoba")

Martín de Porres nació en Lima el año 1579. Sus padres fueron el caballero español Juan de Porres y la mulata liberta Ana Velázquez. Vivió pobremente hasta los ocho años en compañía de la madre y de una hermanita que nació dos años después. Martín es una magnífica síntesis de la sensibilidad y sencillez de la raza negra y de las dotes organizativas y profunda fe religiosa de los españoles. Martín entre los santos es un testimonio del pueblo negro, maravillosamente exaltado cuando más humillado era en el nuevo Mundo.

Desde niño sentía predilección por los enfermos y los pobres en quienes reconocía sin duda el rostro sufriente de su Señor. A los quince años la gracia recibida y el ardor por vivir más cerca de Dios en servicio completo a sus hermanos humanos le hizo desear entrar en la vida religiosa.

Era ayudante de barbero-cirujano cuando pidió su ingreso con los Padres Dominicos y fue recibido como donado en el convento de Nuestra Señora del Rosario en Lima. El día 2 de junio de 1603, después de nueve años de servicios a la orden, le fue concedida la profesión religiosa y pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad.

La virtud del santo, su intensa vida espiritual, sostenían su entrega, pero sin duda alguna, aquello que más recuerda el pueblo de Lima son sus numerosos milagros. Dotado de admirable sencillez, inocencia y fe y destinado a humildes oficios, fue ensalzado por Dios con dones y carismas celestiales como profecía, bilocación, levitación y éxtasis, señal de su grandísima unión con Dios.A veces se trataba de curaciones instantáneas, en otras bastaba tan sólo su presencia para que el enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas. Otros lo vieron en dos lugares distintos a un mismo tiempo. Todos, grandes señores y hombres sencillos, no tardaban en recurrir al socorro del santo mulato: "yo te curo, Dios te sana" decía Martín con grande conciencia del inmenso amor del Señor que ha gustado siempre de tocar el corazón de los hombres con manos humanas.

También poseía el don de la Ciencia infusa, (conocimiento recibido directamente de Dios, sin haberlo estudiado). A él acudían teólogos, obispos y autoridades civiles en busca de consejo. Más de una vez el mismo virrey tuvo que esperar ante su celda porque Martín estaba en éxtasis.

Fue ardoroso en la devoción al sacramento de la Eucaristía y a la pasión del Redentor. El crucifijo sería el libro de meditación de Martín a lo largo de todos sus años y donde encontró la senda segura de su caminar a la santidad. Por Cristo al Padre, y por María a Cristo. (Es doctrina tomista. El secreto de la mística dominicana).

Deseaba ser misionero en el Japón para poder derramar su sangre por la fe y, mientras, vivió plenamente entregado a obras de caridad y servicio médico con los frailes y con los pobres, especialmente con los enfermos. El capítulo general del año 1938 lo proclamó celestial patrono de los hermanos cooperadores. Amaba el ayuno, las penitencias durísimas y la oración, principalmente de noche, a ejemplo del Señor y de santo Domingo, sacando de ella las luces que iluminaban maravillosamente sus conocimientos de la doctrina cristiana. Estuvo unido con fraterna amistad con san Juan Macías y santa Rosa de Lima, que acudió frecuentemente a él en busca de ayuda, y con san Francisco Solano y santo Toribio de Mogrovejo. Todos los habitantes de América y de toda la tierra ven en su caridad universal, que llegaba a la máxima delicadeza incluso con los animales, una señal de la presencia de Dios en los humildes y caritativos. Por sus cuidados con los más necesitados el pueblo le puso el apelativo de "Martín de la caridad"

A los sesenta años, después de haber pasado 45 como religioso, Fray Martín se sintió enfermo y claramente dijo que de esa enfermedad moriría. La conmoción en Lima fue general y el mismo virrey, conde de Chichón, se acercó al pobre lecho para besar la mano de aquél que se llamaba a sí mismo perro mulato. Mientras se le rezaba el Credo, Fray Martín, al oír las palabras "Et homo factus est", besando el crucifijo expiró plácidamente.

Era el 3 de noviembre de 1639 y su cuerpo es venerado en la iglesia de Sto. Domingo de esta ciudad. Gregorio XVI lo declaró beato en 1837 y fue canonizado solemnísimamente por Juan XXIII el 6 de mayo de 1962. Son numerosos los grupos de caridad y justicia social y los diversos oficios que en todo el mundo lo tienen como protector. Su culto y devoción son cada vez más universales y fuente continua de gracias corporales y espirituales.